2007/05/07

Relato en dos partes

I



Llevaba más de un mes sin venir... nunca había faltado a nuestra cita. Yo la veía acercarse haciendo siempre el mismo recorrido. Primero pasaba por la planta baja, ahora también por las nuevas dependencias inauguradas hace poco más de un año y luego subía en el ascensor y se dirigía con una pasión que siempre me celó por la sala de Chillida, sumergiéndose en los enormes bloques compactos de metal (me lo contaban los vigilantes, ellos tampoco eran indiferentes a sus visitas) para más tarde atravesar el corredor donde estaban las vanguardias, los Braque, Gris y Miró y deleitándose siempre en Dalí y Kandinsky para, tras una breve parada... venir a mí.





La veía llegar siempre bajo una radiante luz, daba igual que fuera verano que otoño, ella traía la luz consigo e iluminaba mi oscura y negra presencia. Se acercaba lentamente, no como el resto de turistas que no disfrutan del paseo, esos que vienen a calmar su ansia de ver y pero que no tienen tiempo para disfrutar de nosotros, no, ella no era así... ella venía lentamente, comiendo alguna chucheria, con algún folleto en la mano y una mirada brillante que dedicaba, junto a una sonrisa, a todo aquel que se acercase.





La gente la adelantaba por los laterales, pero ella no dejaba el centro del pasillo, simetría de gente en un continuo ir y venir que tanto me recuerda que estoy en una gran ciudad. Poco a poco se acerca... y yo la esperaba, aún la espero.





A veces venía sola, en ocasiones acompañada, no eran compañias fijas, la única referencia era ella... y cuando atravesaba el umbral de la sala yo, sin saber por qué, me sentía más alto, más erguido, más imponente en medio del umbral de la sala. Entonces y siguiendo una especie de ritual, ella se acercaba, y miraba mi imagen frontal, el hombre, la esperanza, el profeta para, poco a poco, rodearme, deteniéndose en las sombras, las curvas y las rectas e incluso en el alma que yo poco a poco le enseñaba y que me unía a ella aún más si cabe.





Luego volvía al punto inicial y, aprovechando algún momento o punto muerto, me tocaba. Podía sentir el vello erizándose en su piel, la emoción que la suavidad de mi tacto le producía... el placer de tocar algo más grande que lo que ella estaba acostumbrada. Y yo, sin que ella lo supiese, también me sobrecogía, una corriente de vida me atravesaba y me hacía renacer, me hacía sin querer, sentirme más vivo que nunca.





Entonces todo se acababa, ella iniciaba su camino... después de nuestra cita no se quedaba más... el Guernica nunca la gustó, demasiado sobrevalorado y demasiada gente siempre alrededor... iniciaba su camino y, en esa sala, aparte de mí, solamente se fijaba en los turistas, turistas que la hacían sentirse más viajera que nunca en un lugar tan de sobra conocido y yo maldecía mi posición una vez más, ya que no la volvería a ver hasta que ella decidiera.





II

Estaba muy perezosa últimamente, no tenía ganas de nada... ni siquiera tenía ganas de salir de casa... es que el tiempo no acompañaba. Sabía que había mucho que ver, y muchos sitios adonde ir porque todo el mundo me había recomendado que fuera, aparte de a ver las nuevas dependencias del Prado, a darme una vuelta por el Reina. Y hacía pereza.... hacía pereza a pesar de que es uno de mis sitios favoritos... el encanto se remontaba a ese profesor de Arte que te hizo emocionarte con el propio edificio y su historia hasta el punto de hacerte pasear más de una vez por sus jardines admirando el colgante de Miró y pensando que si, algún día tenías hijos, tendrías que llevarlos allí para que disfrutasen y aprendiesen a mirar con otros ojos.

Las exposiciones temporales te atraen, ellos siempre crean tendencia y a tí te encanta petardear, para qué negarlo pero cada vez que vas allí sigues sin querer un itinerario que no varía mucho desde hace años. Entras por Atocha y te diriges a la entrada principal, pasas los controles y te diriges al fondo, si puedes atraviesas el patio donde años atrás tomabas unos buenísimos granizados de limón mientras oías las disertaciones filosóficas de los jubilados, que tienen acceso gratuito (o por lo menos antes lo tenían) al lugar.

Después te diriges a los ascensores... esos que te recordaban a Charlie y la Fábrica de chocolate antes cuando de pequeña habías leído la trilogía y que después de ver la película te la recuerdan aún más y te hacen sentir bien y tratas de subir sola en ellos... es mucho más interesante y nadie te puede distraer ni quitar la sensación que te llena cuando subes en ellos.

Después voy hacia Chillida, es un clásico, no lo puedo evitar... me encanta sentirme como una niña y perderme en el interior de las esculturas, y sentarme, y atraversarlas como si nadie me viese y ver cómo la gente te imita porque hasta ese momento no se les ha ocurrido entrar en la misma obra de arte, sino su contemplación externa...

Luego mis pasos me llevan hacia las vanguardias... es esa rutina que te hace encontrarte con imágenes que conoces y a las que nunca le pondrás nombre siquiera aunque las hayas visto mil veces... pasas viéndolas, mirándolas, disfrutándolas sin más y ellas dejan esa impresión de fugacidad en tus retinas que se olvidará una vez hayas pasado de sala.

Más tarde paseas por el pasillo... te gusta ver que la gente va en fast-forward mientras tú vas ralentizada... te hace sentir de otra época, de esa época donde la gente disfrutaba del momento y el espacio, y no del estar y del hacer.

Entonces lo ves, está al fondo del pasillo, se erige solitario, grande, más grande de su tamaño real, cuando algo te gusta se magnifica, ¿qué extraño no?
Según te acercas su presencia se hace más cercana, no parece tan temerario, es más te resulta muy familiar, es una visita que haces siempre que vas y que no puede faltar, es un must, que dirían los modernos de hoy en día... entonces llegas al umbral de la sala, dejas que la gente pase de largo hacia el Guernica, que nunca te ha parecido más que un ejercicio de tendencia para una expo universal tan lejana que ni quieres recordar... y te enfrentas a él... y notas su presencia, no es el metal, no es la postura, es algo dentro de él... lo miras de frente, te atrae, algo que es inexpresable te invita a su contemplación, es la elegancia de sus formas, la compensación de su realización, la misma importancia de sus huecos que de sus formas... todo te gusta en él... y entonces, cual si fuera un amante al que hace tiempo que no ves... lo rodeas, lo quieres ver en su totalidad, recordar cada una de sus curvas y aristas, de la misma manera que intentas retener en la memoria cada pliegue y arruga de la persona que deseas, giras tú en esta ocasión y tratas de ver más allás... miras las sombras que crea, diferentes cada vez, miras la gente que lo mira y piensas que nadie puede ver lo que tú, porque solamente entre tú y él hay una corriente eléctrica que se materializa cuando lo tocas y una energía te sacude desde el interior.

El contacto es breve y marca el punto de inflexión... una sensación de paz y relajación te llena el alma y prosigues tu camino hacia el final del pasillo, giras y evitas el Guernica para dejarte perder por la sala contigua, los Miró son más afines a tí, ahora no quieres pensar y los blancos del catalán te liberan de esa tarea.

6 comentarios:

Alba y Alvaro dijo...

Al arte, en todas sus variantes, se le debe descubrir como a los mejores amigos, con tiempo, paciencia, y en los buenos y malos momentos. Si cuando pasa un tiempo, sigue ahí... es para toda la vida.

Besos

Halo dijo...

GRACIAS CHICOS...

SALU2

francois buren dijo...

Maravilloso, me ha encantado!!
Seguro que a el se le hace eterno el espacio entre visita y visita! Es lo que tiene el estar en arresto domiciliario, ;) y como si hubieras estado con los gansters con pies de cemento.

Halo dijo...

oooooooohhhhhhhhhhh graciasssssssssss a ti por darme temas para escribir!!!!

lo tuyos si son buenos so cabrito!!!!

yunzapito dijo...

Me ha encantado tu relato, muy muy mucho. Me ha hecho pensar en los amantes del círculo polar y en The Rules of Attraction (las reglas del juego??).

Aunque jamás se me había ocurrido, en algo parecido.

Felicidades por el relato.

Halo dijo...

jooooooooooo gracias..... no he vido las reglas del juego pero los amantes es una de mis pelis favoritas del mundo mundial....!!!!!!