El final de su espalda me volvía loco, el comienzo de su cuello también. La curvatura de su espina dorsal era capaz de estremecerme y la suavidad de su tacto me habrían hecho matar. La tuve y no la aprecié hasta que se fué. Desde entonces miro la fotografía y no sé si es lluvia o mis lágrimas lo que no me permiten dislumbrar su figura.
El pueblo costero de 169 habitantes para quienes solo quieren playa, calma
y naturaleza
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[image: El pueblo costero de 169 habitantes para quienes solo quieren
playa, calma y naturaleza]
Para algunas personas, las vacaciones pueden llegar a s...
4 comentarios:
Lluvia, sin duda. Hay cosas que no se olvidan :)
Pues si fuera el cielo quién escribiera el relato, las ds cosas serían la misma.
Nunca apreciamos lo que está a una caricia de distancia, hasta que se aleja a la medida de un sueño.
Saludos
Pues si fuera el cielo quién escribiera el relato, las ds cosas serían la misma.
Nunca apreciamos lo que está a una caricia de distancia, hasta que se aleja a la medida de un sueño.
Saludos
eres todo un profesional paco!!!!
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